Dienstag, 29. Dezember 2020

Certezas

Amar como te amé es irrepetible;
saberlo es la penitencia a pagar
por la eternidad que te prometi.

El amanecer contigo fue renacer;
dejarte partir fue la promesa a callar
y seguir la vida sin ti.

Fénix nacida de las cenizas de nuestro fuego;
ser abrasada por tu ser de sol y espuma de mar
la grandeza de todo lo que siempre quise ser.

Samstag, 26. Mai 2018

COMING SOON...

"(...) Cuando Camila entró al vagón, no se percató de que había olvidado la cordura en la estación central. Tenía la cabeza llena de esos pájaros que cantan sin sentido. Se llevó la mano a la boca para cubrir el bostezo que le provocaba la náusea del cansancio.

 
Se sentó junto a la ventana y miró el paisaje nocturno. El tren hacía crujir las vías disparejas; tantas veces usadas, tan llenas de ires y venires. El puerto había quedado atrás, así como había quedado atrás su vida. Se llevó la mano discretamente al pecho. Aún le dolían las mordidas del apasionante encuentro en el baño de la estación. Un extraño cualquiera; podría haber sido un amigo o enemigo; un simple encuentro de soledades. Se lamió los labios y cerró los ojos. Se imaginó envuelta en la noche, con los recuerdos y el pasado en la maleta y la risa de los viajeros humedeciendo las ventanillas.
 
El demonio se sentó a su lado y le sobó la pierna. “Camilita, Camilita... ¿Adónde vas tan callada?” Camila se dio cuenta del acercamiento, pero ya estaba acostumbrada. Cuando intentaba alejarse de la vida, el demonio le hablaba de amor. Así era el juego. Así eran las reglas. “Dime, ¿qué es lo que buscas?” No había nunca respuestas a las preguntas. Eran tan sólo eso, preguntas al aire. Camila, distraída por el ajetreo del tren y las preguntas del demonio; con los sentidos todavía llenos del sexo de la estación. “No me hables” le dijo por fin al enervante demonio que le seguía hablando de lado. Y lo miró de frente, por primera vez. “¿A dónde mandaste a la gente que estaba aquí? Apenas me estaba acostumbrando a lo ruidoso de sus risas.” El demonio rió a carcajadas. “Camila, mi amor, aquí no había nadie. Te imaginaste las risas, así como también te imaginaste al hombre con el que estuviste hace rato.” Camila rió con esas risas que uno tiene cuando se ríe de uno mismo. “Eso sí no te lo voy a creer. ¿Te imaginas las cicatrices que me van a quedar de las mordidas que el muy cabrón le dio a mis pechos?” El demonio rió divertido y le metió la mano debajo de la falda. “Camila, en este vagón estamos solos. Vamos a repetirlo.” Camila tuvo que reír al darse cuenta de que reconocía la textura de la caricia. Le cayó el veinte antes de llegar a la primera parada. Titubeó por un instante. “Bueno, pero esta vez no me muerdas. (...)"

Liliana Kriegs

Freitag, 20. Mai 2016

Del demonio y el danzón

Me pesan los años. Ya estoy arrugada y más usada que la Mentada de Madre. Ya perdí la cuenta de la gente que conocí a lo largo de mi vida; de los trabajos que tuve y de las pendejadas que hice. Lo único que me ha quedado, es el demonio que me acompaña.  Tiene los ojillos brillantes, negros como la noche en el campo y la boquita pequeñita y seca, siempre seca. Me sigue a todas partes. Me sigue y me dejo seguir. Ya no sabría qué hacer sin tenerlo cerca. 

Mi demonio se llama Lorenzo. Por lo menos eso me dice. No hay que creerle al desgraciado. Siempre bien atenta viendo lo que hace. Me platica cuando nadie se da cuenta. No entiendo por qué nadie le pregunta nada. Ayer el muy méndigo me dijo que me bañara, que la gente me sacaba la vuelta porque olía mal. Yo no le hago caso. Es un envidioso. Es un demonio, pues.


Pero es mi compañero y me habla. Tenemos algo en común. Nuestro amor por la música. Me lleva a los bailes. Me saca de mis casillas, pero ahí voy. Me quedo en la orilla de la plaza escuchando la música, viendo a la gente moverse; sentir el ritmo. Don Lorenzo Demonio es todo un caballero. Se inclina, toma mi mano y me lleva al centro de la pista de baile. Le gusta el danzón más que cualquier otra cosa. Dice que le recuerda a la esperanza de terminar algún día de vagar por el mundo: le recuerda al cuerpo y a la carne. Al sabor salado de las pieles en la cama. A la muerte que no le llega. Al pasado que no es suyo y al olor a viejo, como sus achaques. Yo no me acuerdo de éso. Se me acabó la memoria la mañana en que Lorenzo llegó a mi vida. Tal vez antes no lo veía. Pero me gustó que me dijera que me parezco a Marga López. Mentirosillo.

El demonio sabe bailar. La gente nos da espacio para que podamos movernos a nuestro antojo. Veo en sus ojos la sorpresa; siento que vuelo en los bracillos peludos del demonio pachuco. Nadie nos habla, nadie nos molesta. Cuánta verdad hay en que la gente ya sabe que vive en el infierno y se acostumbra a ver diablos por dondequiera.


Me canso pronto. Ya estoy vieja, pues. Tengo muchos años de andar y muchos de bailar. A veces me pregunto si la vida que tuve antes no era más que una mentira. Juan Decente... Decente mis huevos! Siempre tan vestido, tan ocupado. Lo único que hacía era meterme los cuernos y vagar por ahí y luego regresar a pelear a la casa a recordarme lo fea que soy. A veces me acuerdo de su cara, pero luego miro a Don Lorenzo y se me olvida. Lo matamos, dice el demonio. Yo no me acuerdo. Dice que por su culpa tengo el brazo chueco y no puedo oir. De los golpes que me dio. Pero yo no me acuerdo. Si lo matamos, ojalá lo hayamos tirado al barranco a que se lo comieran los perros y zopilotes. Para que no regrese nunca; ni como alma en pena. 


El demonio me jala del brazo. No le gusta que me distraiga en mis memorias. Dice que es mejor seguir bailando y olvidar y olvidar, al compás de "Almendra", nuestro danzón.

Montag, 29. Februar 2016

Del demonio y la virtud de lo inexplicable

Los rezos son los mejores momentos del día. Cuando la casa duerme y los rincones empolvados no respiran. Las manos tocan la pared. El demonio la siente estremecer de cansancio. 

La vida es triste cuando no se siente nada. Triste aunque la tristeza ya no se sienta. Triste aunque el demonio lo llene todo y no se lleve nada. La esperanza de que algo pase es algo que tampoco se siente. La espera sí. Duele en los huesos.


El demonio ha sacudido los estantes varias veces. Pero no ha querido mirar abajo de la cama. La cama que huele a terrores nocturnos, insomnio y silencios obscenos. El demonio chasquea la lengua y se sienta a mirarla.


Se le han apagado los ojos. Está sola. La piel tan transparente y el pelo quebrado. La había seguido hacía una eternidad para robarle un poco de la luz que la cubría. La luz se fue apagando y el demonio no se dio cuenta cuándo.


Tan llena de vida.La sonrisa tan plena. Y ahora tan serena, tan inexplicable. Fatigada y a la vez con las energías guardadas para escapar a dónde la vida no la siga; donde no se le encuentre encorvada en su propia sombra. El demonio la ha visto temblar por las noches. Llorar sin llorar y con lágrimas de sal. El demonio lo ha visto ir y venir. Abrir la boca como los Dementores de Harry Potter y tragarse a bocanadas toda esperanza. El demonio lo detesta. Lo aborrece. Quisiera destruirlo y masticarlo y escupirlo. Vomitarlo. Pero está cansado y rodeado de fragilidad inconforme.


Hoy la escuchó gritar con rabia. Lo hizo reír con tanto insulto. El demonio sabe que se le va a apagar el fuego pronto. Que no habrá más fuerzas para luchar y contradecir. 


El demonio trata de explicarse cómo un ser de luz puede desaparecer poco a poco, sin darse cuenta. Cómo siendo demonio no ha podido robar el alma para saciarse en la virtud.

Le está entrando el miedo, de que se le empiecen a llenar de telarañas los sueños y ella deje de contemplarlo en las noches, mientras se sienta en la repisa a mirarla. Son dos y aún así tan solos. Son tres, pero sólo dos que se importan.

Montag, 4. Januar 2016

Del demonio y la tristeza de ser invisible

Es triste ser invisible. Existir sin estar y estar sin ser visto. La vida nos lleva siempre de la mano a los rincones más oscuros y a veces, a los más iluminados. ¿De qué depende ser invisibles o llenar un espacio con mera presencia?

El demonio aprecia el silencio, mas no la indiferencia. El demonio conoce todo el tiempo que es tanto; tanto que no puede contarse en años. Lo ha sido todo. Lo ha aprendido todo. Y definitivamente es la vanidad. La vanidad es la mejor de las delicias. Saberse visto. Saberse deseado. No es la pasión lo que alimenta al ego. Es la vanidad; la consciencia de que se tiene el poder de manipular, h
ipnotizar, seducir hasta el último control de quien es sometido a la belleza sublime. 


El demonio lo ha alcanzado. Algunas de sus existencias han desatado guerras; consumido almas y enterrado religiones. Todo por la hermosura de un cuerpo que a fin de cuentas se fue al carajo cuando llegó el momento de envejecer.


El demonio se sabe invisible. La belleza no se encuentra en cualquier parte; no la que es vista por cualquiera. La realmente poderosa. Ahora se viste de mediocridad. De una cara cualquiera; de un cuerpo indefinido. Es un ser que pasa desapercibido; del que no se cuentan anécdotas en las oficinas. Es el sabor de la invisibilidad cuando no se tiene lo que la vanidad crea. El demonio no es nadie. Por ahora. 


La puerta se abre y el demonio entra al elevador. Trabaja para entretenerse. En las oficinas municipales reglamentando el uso de parques y jardines. No ha cambiado de trabajo desde que se encontró al cuerpo. Tan fácil poseer a alguien, cuyo único deseo es ser adherido. La mujer no hizo nada para ahuyentarlo. Se dejó tomar y hasta gimió de placer. No es aburrimiento, sino el terror al rechazo. El demonio sabe que siempre se quiere ser una perla y no un grano de arena en el fondo del mar. Nada más sugestivo y anhelado que ser amado por todos y todo. Si lo sabe él, que lo quiso todo y lo perdió todo en el intento.


Ahora ronda la oficina del jefe. Le gusta. Quisiera hacerle el amor en alguno de los baños de la oficina siempre tan arreglados, superficiales e inmaculados; inodoros y resbalosos los pisos, llenos de historias de pasiones furtivas y sin amor. El demonio ha tratado las estrategias más populares. Algunas infalibles antes. Nada. El jefe no la ve. No la siente. No la huele.


El demonio no tiene miedo de ser rechazado, pero sí de ser descubierto.


Regresa al departamento oscuro y se sienta en el sofá sin prender la luz. Qué tristeza provoca ser tan invisible que ni siquiera la oscuridad se llena con su presencia. Y qué tristeza la que siente el demonio, de ser invisible en un mundo donde de por sí ya no existe la humanidad de la cortesía, en la que alguna vez se saludaba hasta al más feo.

Donnerstag, 1. Oktober 2015

Del demonio y las cosas que nunca se dijeron

El demonio se ha detenido en el umbral del templo a sacar la última fumada de las entrañas   . Ha estado pensando mucho en esto. Parece una eternidad. Tal vez lo sea. La idea de confesarse la viene rumiando como vaca de establo desde la última vez que estuvo cerca de ella y no se atrevió a acercarse.

Qué tristeza tan grande, pensaba el demonio en una de sus voces quedas, que nadie conoce. Será que la vida errante me está calando en los huesos? O será tal vez la culpa negra que se me embarró en la piel?


Abrió la puerta de la iglesia y entró no sin ponérsele la piel de gallina. La verdad de los demonios es que nunca dejan de hablar con Dios. Sólo que no siempre están de acuerdo.


El confesionario estaba vacío. Perfecto. Los hombres no entienden los placeres y culpas de los demonios. Siempre culpan al mal que los seduce y nunca al cabrón-sí-mismo que acaba haciendo lo que se le da la gana.


No vine a pelear, dijo el demonio con la voz cansada. Se sentó en el confesionario y cerró los ojos. Su voz verdadera hablaba con calma: "Nunca dije ciertas cosas. No las dije, porque tuve miedo de hacerte daño. Para ser un demonio como yo, hay que ser una miseria siempre. Estoy condenado. Muy condenado. Me condenaron a errar y maldecir y vivir en eterna soledad. Y ahí me encontraste. En el pozo más profundo de perdición y tristeza. Hecho pedazos de muchas maneras. Encadenado a un ser vil y agotador. Me encontraste poco a poco. Sonreíste. Mira, hasta lloro de acordarme de la primera vez que me dejaste tocarte y supe entonces todo lo que perdería para siempre, porque nunca más te podría dejar de pensar. Soy un demonio, chingado. Un demonio a tus pies, bajo tu falda, entre tus sábanas. Nunca te dije que lo que hubiera parecido cobardía, fue el único acto de valentía del que me puedo jactar. No te dije nunca que la vida que te esperaba era mucho más hermosa que permanecer atada a un demonio jodido y encadenado. Cambiarte? Nunca. Jamás. Siempre serás perfecta, tal como lo fuiste y lo serás mañana. Nunca te dije que mi pecado pasó a más de lo que tú sentiste. Nunca supiste. Los seres viles no merecen ni siquiera mirar tu rostro. Yo no soy un ser vil, pero si un demonio incompleto. "


Las velas del altar se apagaron de un ventarrón interrumpiendo al demonio. Mierda, pensó, dejé la puerta abierta. Con una mirada y lleno de pesar aventó la puerta creando un eco incesante y solemne. Estoy aquí, pensó el demonio. Y ni siquiera es el fin de mi camino.


"Te confieso que estuve dormido mucho tiempo. Las cadenas se cubrieron de herrumbre. Vi la oportunidad y la usé. Anduve por las calles. Tantas veces por debajo de tu ventana. Te escuché hacer el amor en otros brazos. Te sentí radiar la felicidad sin culpa y sin miedo de la que te privé. Soy un demonio, sí. Pero no soy de palo. A lo largo de mi eterno ir y venir, me he visto atada a un sinfín de seres. La mayoría hasta ha perdido su nombre en mi memoria. Tu nombre lo sabe cada una de mis voces. A veces pienso que si llegaran a tratar de exorcizarme de algún cuerpo insensato, acabaría gritando tu nombre, que al perecer es el único que recuerdo.


Tengo que confesarte que no fue lo que pensaste. Soy el demonio que conociste. Tal cual. Tengo que confesarte que no te dije nunca, que los demonios aman a morir y morir fue lo que no pude darte. Con las manos llenas de tí, de la vida que nunca fue mía. Te confieso que estoy parado cerca de tus pasos y te escucho reír al otro lado de la penumbra. Yo, demonio de oscuridad y fuego, nunca te dije que te amé tanto. Te vi dudar; titubeaste. Te vi resquebrajarte, confundirte - tambaleaste. Meterme en tí no fue una buena idea. Te robé por un momento tu fundamento. Nunca te lo dije - pero lo sentí y me quebré contigo. Te seguí por las mañanas. Por las tardes al café. No me viste. No me sentiste. He estado ahí sin tocarte, sin hablarte. Nunca te dije que soy un demonio. Pero tal vez lo supiste todo el tiempo."


El demonio se cubrió la cara con las manos callosas. Echarse a llorar también es de demonios. Dios permite llorar; también a los castigados.


La puerta se volvió a abrir. El viento silbando. El demonio prendió una vela con los dedos, dejando el templo inundado de todas las cosas que nunca se dijeron.



Montag, 6. Juli 2015

Del demonio y sus problemas



El demonio tiene varios problemas. El primero en resolver es encontrar la puerta de la casa. Al parecer, todos los pasillos se han puesto de acuerdo para cortarle el camino.


No tiene recolección de los hechos de los últimos días. Meses? Años?


La casa huele a azufre. El demonio no tiene la culpa. 


Se acuerda de la canción de "Little Talks" de Of Monsters and Men. La casa tan diferente y a la vez tan parecida a lo que alguna vez fue su lugar.


Puede ser que ya sea de noche. No pasa luz entre las maderas que alguien puso en las ventanas. 



"Yo no fui." Pensaba el demonio otra vez cansado de buscar la puerta y con la espalda contra la pared. La gente siempre atando cabos y juzgando sin primero buscar la verdad. "No me digas que no te ha pasado." El demonio hablando consigo mismo, entristecido.


La mujer que vivía aquí dejó de vivir hacía mucho tiempo. Luego dejó de vagar los corredores y ahogar su pena en gemiditos penetrantes. Alguna tarde de otoño dejó de existir por completo. El demonio temió que regresara al día siguiente, pero ya no la ha escuchado en lo que parece una eternidad.


Las manchas de sangre se habían quedado repartidas por las paredes de la cocina. Sobre la mesa y las sillas del comedor. La lámpara alguna vez color crema se afeaba aún más con el tono cafezoso de la sangre seca y empolvada. Cuando apenas fresca, el demonio la había probado con la puntita de la lengua. "Ni siquiera había valido la pena!" El demonio se echaba en cara aún la debilidad del momento. "Cómo no aguantarse, carajo?!" Así mismo lo habían encontrado. Con las manos en la masa. O la lengua en la sangre. O las patas recién remojadas en las vísceras de Manuela Torres. O Manolita La Tórtola. Como quiera que haya sido, el demonio tenía otro problema: lo buscaban para lincharlo y él ni siquiera había tenido la culpa.


Se acuerda de otra canción. Pero no se acuerda del título. Y ahora atrapado sin encontrar la puerta. No entendía el motivo primario de la multitud que vino detrás del cartero que lo encontró probando sangría. Él no había tenido la culpa. La Manolita estaba ya bien despedazada y repartida por la cocina y el demonio ni siquiera sabía a quién atribuirle la labor. Pero eso sí, siendo demonio el mundo te sataniza. Si algo pasa, seguro fuiste tú, ser paranormal, ser infrahumano, ser despreciable, ser... "Pero si yo ni cerca andaba, caray." Suspiró el demonio y se estrelló contra el vidrio de otra ventana. 


Lo habían dejado ciego, sin una pata y hasta sin pelo. Los muy animales pensaron que lo habían matado. Doh. Los demonios son inmortales. Sarta de pendejos. Pero ahora andaba perdido en la casa, sin rumbo. Los ruidos se habían ido secando. El demonio tenía varios problemas y el peor de ellos, era la inmortalidad.